Este Blog es órgano de información del Foro Renovador del PRD, corriente de Centro Izquierda, Socialista y Democrática, interno al PRD.
Evocación de una utopía
Yvelisse Prats Ramírez De PérezLa muerte de Guarocuya Batista del Villar me lleva a evocar recuerdos de la era heroica, los años luminosos y fieros en los que creímos ver desde la UASD, revolución al doblar la esquina.
La Universidad Crítica fue el lábaro que levantamos como discurso académico-ideológico, los que compartimos con Guarocuya el proyecto universitario construido con materiales extraídos de los Postulados de Córdoba, de las lecturas de Pablo Latapí y de otros pensadores de la época, y de los vientos de independencia soberana que a través del Movimiento Renovador nos habían llegado de la Revolución de Abril.
La Universidad Crítica no se agotaba en el espacio físico de la UASD. Abarcaba en metafórica parábola el país, América, el mundo. La “Universidad” era para Guarocuya, y para los demás uasdianos que compartimos su proyecto, una frase acuñada para denominar el cambio, de producirlo a través de la sacudida mental que nos abriera al análisis de la realidad para confrontarla con el “deber ser” de nuestras aspiraciones políticas, económicas y sociales.
La criticidad la concebíamos como ariete que usaba el conocimiento que adquiríamos observando, ¡escarbando los hechos y la historia para trasformar cuanto existía de feo y de malo en el paraíso laico que nos prometía la modernidad!
Desde la UASD, con la UASD, más allá de la UASD, íbamos a hacer la revolución o las revoluciones que soñábamos.
El equipo que se nucleó alrededor de Guarocuya Batista del Villar era una maquinaria de trabajo y de empeños. Convencidos como estábamos, convencimos a muchos/as profesores y estudiantes, y en una votación masiva el Dr. Batista del Villar alcanzó la rectoría de la UASD.
Entonces, porque empezó a aplicar el programa que era NUESTRO programa, llegaron los cambios, y por supuesto, las resistencias a los cambios se sintieron, también.
Porque en la UASD, aunque predominaban en esa época pensamientos progresistas, persistían, a la sombra de privilegios enraizados en la añosa comodidad de la antigüedad, en la rutina que se empoderaba de los currículos cansados, sectores, más que conservadores, reaccionarios.
Pero esa es otra historia, que recordaremos algún día, quizás para confirmar que como el refrán dice: “la mala hierba nunca muere”. En la UASD de hoy, tercas posiciones de resistencia a los cambios persisten.
Pertenecí desde su formación al equipo del trabajo que se nucleó alrededor de las aspiraciones y proyectos de Guarocuya. Se me había ofrecido el honor de acompañarlo como vicerrectora académica, pero mi partido estaba inmerso en una campaña electoral nacional, y Peña Gómez, respetuoso de la pluralidad y la autonomía de la UASD, no me autorizó a aceptar la nominación por mi clara y contundente militancia; y además, porque consideró que el PRD me necesitaba en esos momentos.
Sin embargo, pasados los comicios, pude, unos meses después, acceder por concurso a la Dirección de la Oficina de Planificación Universitaria, OPLAU, organismo que el nuevo rector Bautista del Villar concebía como eje estratégico de su gestión desde la rectoría.
Se pensó que la OPLAU funcionaría como un cruce entre corazón y cerebro, que se moviese impulsado por la adhesión al Programa de Universidad Crítica, encauzada científicamente en planes estratégicos de largo aliento.
Pablo María Hernández, Niobe Acosta, Toni Sánchez, junto a otros, laboraban conmigo a disposición a tiempo completo de la Rectoría con confortante espíritu de cuerpo. Para fortalecer con sapiente experiencia a la OPLAU, vino Felipe Richardson, exiliado chileno torturado por el increíble delito de haber sido funcionario de Allende, y con él, aprendimos en verdad, partiendo de nuestros autoaprendizajes empíricos, a planificar y a reconocer la imprescindible función que para ordenar y hacer eficientes los sueños tiene la planificación.
“Los Días Difíciles” que recogí en un libro publicado hace años, se abalanzaron sobre la UASD.
Entre uno y otro cerco policial, presos nuestros líderes estudiantiles, Roberto Santana, el principal de ellos, y acosada por falta de recursos, la Universidad Crítica no llegó a cuajar.
Y como la era heroica fue perdiendo terreno ante el pragmatismo neoliberal, la revolución se convirtió en una mala palabra; detrás de la esquina solo se percibe ahora la urgencia individual de sobrevivir. El nombre de Guarocuya Batista del Villar en la noticia de su muerte, pinta en mi recuerdo un “collage” de la utopía.