Este Blog es órgano de información del Foro Renovador del PRD, corriente de Centro Izquierda, Socialista y Democrática, interno al PRD.
Hay conceptos que al traducirse en palabras asumen signifi cantes diversos, y esas formas diferentes de expresarlos van incidiendo en su ínsitos signifi cados, que se tiñen con infl uencias del cuándo y el dónde; se formulan.
El concepto PARTIDOS es un ejemplo de cambio lingü.stico que deviene en semántico, y va adquiriendo interpretaciones diferentes, de acuerdo a variopintas visiones sobre la sociedad.
El nombre, en diferentes idiomas, es viejo. Tucídides lo usa, en griego por supuesto, en su obra: “La guerra del Peloponeso”.
Los gracos, los optimales, los populares en Roma; los guelfos y los gibelinos en el medioevo italiano; las facciones en las ciudades-Estados renacentistas, representaban las “partes” que actuaban en la vida política.
En sentido moderno, stricto sensu, los partidos políticos aparecen ligados, causa y efecto a la vez, a factores históricos que favorecen el despliegue de la opinión política como fuerza orgánica dentro del Estado.
Como dice Rodrigo Borja bellamente: “los partidos nacen cuando las multitudes advinieron a la acción política con la creciente evolución del sufragio”.
O sea, la cuna de los partidos políticos es la democracia.
Por esa cuna en que nacieron las “criaturas- partidos”, tienen un deber-ser, fruto de su origen histórico; un denominador común, casi perogrullesco es nombrarlo: conservar, fortalecer, ampliar la democracia”.
Con la aparición del Estado constitucional, aquellas “partes” mientras adquieren vigor, empiezan a recibir distintos signifi cados y signifi cantes, Burke, fundador del liberalismo conservador, defi ne al partido como “un núcleo de hombres unidos para promover, mediante un esfuerzo conjunto, el interés nacional sobre algunos principios particulares con los cuales están todos de acuerdo”.
Fines, asociación, programas, organización, pautas éticas: elementos nodales de los partidos, están ya presentes en la defi nición burkiana. Aparecen también en las conceptualizaciones de Menzel, de Sorokin, que incluye taxativamente a los valores y, con más amplitud, en las clásicas defi niciones de Duvenger, Weber y Montenegro.
A pesar de alguno que otro ilustre opositor, como Rousseau, la aceptación de los partidos fue creciendo en la medida en que avanza la idea, que expresa Sartori: “Los partidos se constituyen sobre el pluralismo, el disenso y la diversidad y como expresiones del orden político democrático”.
Como creación humana, parte de la historia y la cultura, los partidos no son estáticos; pendulan al vaivén del tipo de estado, hasta de gobierno en que se desenvuelven.
A veces, ¡ay, en este país han sido muchas veces! declaran y declaman en proclamas y lemas los principios democráticos de su “deber ser”, pero en sus actuaciones predominan la autocracia y el despotismo incluso hacia lo interno de la propia organización política.
Pienso que a estas alturas de En Plural mis lectores/as pueden estar preguntándose a qué vienen estas citas teóricas y disquisiciones en tercera persona, siendo que es costumbre de la autora de En Plural desahogarse en primera responsable persona, semanalmente.
Es que sigo siendo, pese a quien pese, política, y eso me obliga a tangenciar en politóloga, como sustentación científi ca a mi militancia de 52 años en un mismo partido.
Mi principal tarea en el PRD es fomentar y difundir la pertinencia de las ideologías, para construir sujetos políticos situados que entiendan y asuman la gran función primaria de los partidos políticos: PRACTICAR LA DEMOCRACIA superando sus reducciones actuales hasta transformarlas en participativa, de ciudadanía, una real forma de vida.
Para que todos los que me escuchan y me leen sepan que no estoy sola, que muchos y mejores que yo lo han sustentado, he puesto de manifi esto sus nombres, como invitación apetitosa a iniciar o repetir su lectura.
Ojalá que como a mí me sucede casi siempre, los libros nos hablen, nos susciten inquietudes, preguntas.
Mientras escribía este En Plural y consultaba mis fi chas, a mí se me ocurrieron estas perlas, que comparto con ustedes, como inductoras modestas de conclusiones que para adquirir validez deben proceder del colectivo.
¿Es el PRSC un partido moderno, al postular la “elección por delegados” negando el carácter universal del sufragio que fue cuna de los partidos políticos? ¿Puede califi carse el PLD como partido democrático, que cree en el disenso en tanto que su presidente proclama sin rubor que se quedará en el gobierno 36 años en el ejercicio de la absorción de todos los poderes, dictadura perfecta formalmente homologada? ¿Acaso el PRD no está al borde de perder su calidad de partero y escuela de la democracia, al desconocer el carácter colectivo de ella, al no reunir organismos, dictando ukases imperiales e injustos, en un ejercicio burdo de minorías que pretenden sustituir las mayorías que constituyen el régimen democrático? Ustedes, mis lectores, mediten, respondan.
Yo tengo mis respuestas, por eso estoy triste y angustiada. Pero no vencida.