Un nuevo amor: la seguridad social
Yvelisse Prats Ramírez De Pérez
yvepra@hotmail.com

Mis amores con la educación y la política son tan bien conocidos, que cuando alguien se dirige a mí y no usa el vocativo de “profesora” o “compañera” sé que no me lee, no ha hablado nunca conmigo, ni ha oído hablar, bien o mal de mí.
Pero últimamente me he enamorado también de otro tema, al que piropeo llamándolo “la única revolución posible”. Mi nueva pasión es la Protección Social.
No fue un amor a primera vista. Cuando siendo diputada en el cuatrienio 1998-2002 se nos presentó en el Congreso la versión preliminar de lo que luego cuajó en el actual Sistema de Seguridad Social, no me entusiasmé mucho.
Ahora sé por qué: era demasiado parecida al modelo chileno de entonces, basado en la capitalización individual, diferenciándose radicalmente de los viejos esquemas conocidos como “de reparto”, que a pesar de su poca eficiencia poseían la intención solidaria que ese tipo de sistemas mostraba como herencia del estado de bienestar.
Como lo que conocía por esa época sobre el tema eran los relatos de Peña Gómez sobre la protección social en los países nórdicos, basados en los principios social demócratas seguí con mis amores tradicionales y no me involucré mucho en el proceso, que culmino con la promulgación de la Ley 87-01 que creó nuestro Sistema de Seguridad vigente. Que nadie olvide o subestime, que esa conquista se logró en el gobierno de Hipólito Mejía, y que de su mala aplicación, llena de sesgos desnaturalizantes, es responsable el PLD.
Parir este sistema fue una acción de política social acertada, necesaria, oportuna. Después de que me he enamorado del tema, por su significativa dimensión humana, me siento orgullosa de que figure entre los logros de mi partido.
Sin embargo nuestro Sistema de Seguridad Social puede y debe ampliarse y enriquecerse para acercarse al paradigma incluyente y solidario que a partir de 2006 se propone en nuestro continente como respuesta a las inequidades y exclusiones que crecen.
De ese paradigma me enamoré, cuando brincó de las páginas de algunas publicaciones de la CEPAL para anidarse en mi corazón, en mi mente y en mis esfuerzos por divulgarlo a través de los cursos y del Diplomado que dentro del acuerdo con la Universidad Católica de Santo Domingo y bajo la dirección de otro amoroso de la Seguridad Social que es el Dr.
Roberto Sánchez, con un estupendo equipo, se realizó en el Instituto de Formación Política José Francisco Peña Gómez. De ese diplomado egresó una cosecha de nuevos enamorados del tema.
En estos días, leo unos libros de la CEPAL y la ONU que me envía Mario Báez, un dominicano que honra nuestro país en importantes funciones dentro de esos organismos internacionales.
Más diáfano cada vez, el modelo de Protección Social que requiere este continente, se analiza, se explica, se motiva en estas publicaciones que devoro hasta la madrugada.
Este modelo se inserta, con lógica inapelable, dentro del enfoque de derecho, en el punto de inflexión en que la CEPAL sitúa el enlace entre el crecimiento económico y el desarrollo humano, ejes de unas políticas públicas dirigidas a procurar la igualdad. La verdadera, que adquiere carne y sangre en derechos ejercidos con garantías del estado, y no en su retorica proclamación en Constituciones y Leyes.
Dentro de estas políticas públicas, un sistema universal, inclusivo y solidario de Seguridad Social es la sombrilla que cubre las necesidades ciudadanas y garantiza niveles equitativos de bienestar.
La Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena lo afirma claramente: “hay que establecer un instrumento redistributivo que ofrezca garantías concretas de protección con atención específica a las particularidades y requerimientos específicos de cada sociedad y de los diversos grupos que la componen”.
En República Dominicana, que ostenta en el continente más desigual del mundo, el triste privilegio de país con más desigualdades, el juicio de la Secretaria Ejecutiva de la CEPAL debe asumirse como mandato inaplazable.
Articular en nuestro Sistema de Seguridad Social los diferentes elementos, salud, previsión, pensiones, incrementos de tarjetas de solidaridad, cobertura a los trabajadores de la economía informal, atención especial a los envejecientes, niños y mujeres en situación vulnerable, es el desafío que encara Hipólito Mejía como próximo presidente de la República.
Pero lo asumirá, su lema de campaña “un mejor país, pero para todos” simboliza el compromiso con la igualdad, y esa igualdad necesita en nuestro país la extensión del Sistema de Seguridad Social con el cual los perredeístas estamos comprometidos, en su paternidad.
¿Un sueño? ¿Mi nueva pasión que se encampana? La culpa la tiene la CEPAL que inspiró mi pasión por el tema. Pero es posible, créanlo dominicanos/ as. Enamórense como yo de la Seguridad Social, que “el amor todo lo puede”. Releean Corintios, y apuesten por la igualdad.