| Cuando una empresa emite un bono paga una tasa de interés, mensual, trimestral, semestral, anual, que en el argot del mercado de valores se denomina cupón, el cual es invariable. Lo que cambia es valor del bono, en función de los movimientos en las tasas de interés y en función de la evolución del flujo financiero de la empresa emisora, entiéndase según el comportamiento de la venta de sus productos y de su rentabilidad. Las tendencias del mercado en general y del mercado de cada industria en particular son determinantes. Teóricamente, si la tasa de interés baja el precio del bono sube y viceversa. Una empresa clasificada AAA coloca bonos a menor costo financiero que otra clasificada en categoría inferior. En el caso de una nación que emite bonos soberanos ocurre exactamente lo mismo, aunque los indicadores de medición son otros. Una nación con finanzas públicas que se manejan de una manera prudente, con niveles de coeficiente deuda pública / PIB razonables, con una balanza de pagos favorable y creciendo con baja inflación, sale a los mercados financieros internacionales a colocar bonos y logra éxito en términos de costos financieros y de plazo. Juega un papel importante la coyuntura de la oferta y demanda de bonos soberanos en los mercados internacionales en un momento dado. Una nación que no cumpla con esos indicadores, caso dominicano, puede salir airosa en una oferta pública de bonos soberanos, siempre y cuando el FMI se haga responsable del reembolso, mediante la certificación de una Carta de Intención que diga que aunque todo está mal las cosas mejorarán. Por cierto, la crisis europea está sugiriendo que el FMI sea el único con autoridad para certificar el riesgo país, relegando el papel de las agencias calificadores de riesgos, en virtud de que muchas de ellas son al mis tiempo bancos de inversión (juez y parte). El debate entre el rendimiento efectivo de los 500 millones de bonos soberanos emitidos el pasado día 15 de julio es bastante interesante, especialmente para los que les gustan los juegos de palabras, pero con un impacto en las costillas de los contribuyentes que es necesario llevarlo al nivel más sencillo posible, para que el ciudadano de a pie comprenda que tendrá que pagar más impuesto fruto de la brillante operación de inteligencia financiera que explica el Banco Central en su comunicado sobre el tema. Hubo una Resolución (Ley) emanada del Congreso Nacional autorizando al gobierno dominicano a emitir bonos soberanos por la suma de 500 millones de dólares. Se supone que al país debieron ingresar 500 millones de dólares, no 525 millones de dólares como certifica el Departamento de Contraloría del Banco Central. “Que pendejos son los inversionistas extranjeros, los dominicanos le entregamos papeles financieros por 500 millones de dólares y esos buenos pendejos nos regalan 25 millones de dólares, sin darse cuenta de lo que hacen”. Es verdad que todos los días sale un pendejo a la calle. En el mundo de los negocios nadie entrega absolutamente nada sin esperar un beneficio a cambio. Los gestores de la emisión de los 750 millones de dólares emitidos hace dos años entregaron 17 millones 725 mil dólares adicionales a cambio de que se le mantenga una tasas de interés de 7.5 por ciento anual y no de 6.95 por ciento. Intercambiaron bonos nuevos por bonos viejos, con la condición de mantener el cupón de 7.5 por ciento anual. Lo demás es juego de palabras por parte del equipo económico del gobierno. Igual operación se realizó mediante la entrega de 8 millones de dólares ahora a cambio de que le paguen el cupón completo del primer semestre a la tasa de 7.5 por ciento anual y no de 6.95 por ciento. O es que nos quieren hacer creer que los inversionistas extranjeros son tan imbéciles que son capaces de asumir el costo de oportunidad de gestionar esa liquidez desde el 15 de julio hasta el mes de noviembre así por así. Una operación financiera tan maravillosa no debió esperar una denuncia pública para dilucidarla y verse en la necesidad incurrir en enormes gastos de publicidad en la prensa escrita, creyendo que con subterfugios de palabras huecas van a confundir. Julio Enrique Caminero |