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Este Blog es órgano de información del Foro Renovador del PRD, corriente de Centro Izquierda, Socialista y Democrática, interno al PRD.

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La ternura no puede envilecerse

Yvelisse Prats-Ramírez De Pérez -
No leí el libro. Tanto ocuparse de Trujillo me preocupa, y no me gustó el morbo creado en las entrevistas que le han hecho a la autora. Hace tiempo que reflexiono sobre esta “trujillomanía” que multiplica obras en las que, entre col y col analíticas, asoma como orejita peluda un rasgo positivo del tirano. Sintiendo que me faltan lecciones buenas que aprender, selecciono lo que leo: el libro de la “nietísima” lo descarté de plano. Conozco bastante de Trujillo, nací, y me crié en “la Era”, y tuve oportunidad de viviría en dos miradores diferentes: los diez años en que papá hizo oposición dura, y los veinte en que fue funcionario en su gobierno. Sin embargo, no se me ha ocurrido todavía escribir memorias sobre el tema, que incluirían las singulares tertulias en mi casa, donde papá y sus amigos, muchos de ellos también funcionarios, se despojaban del alfabeto triste de las loas y criticaban en voz baja las atrocidades de Trujillo. Pero ¿Por qué escribir sobre el horror y las claudicaciones forzadas, si hay tantos períodos hermosos en los que participé que puedo recrear? ¿Y por qué empeñarse ahora en buscar una quinta pata acariciante al feroz gato que con sus cuatro garras hizo tanto daño? Muchas alas pueden volar desde las páginas de libros, ahí tenemos la obra de Dedé Mirabal “Vivas en su jardín” enseñándonos a emular a las mariposas. Si la historia se estudiara críticamente en nuestras escuelas; si los textos de estudio pusieran en su puesto a Trujillo y su régimen; si las Pruebas Nacionales no incluyeran preguntas capciosas sobre “obras positivas de Trujillo”; y si cada dominicano/a conociera y recitara en sus preces como rosario inolvidable los nombres de los desaparecidos, los torturados, los privados de libertad durante la tiranía, uno que otro intento de justificación sesgada no sería tan dañino. Pero en el erial sin calidad ni pertinencia que es nuestra educación, un libro que contiene esos amortiguamientos basta para crear confusiones terribles. La pasada semana un cuadro esquizofrénico sacudió la sociedad dominicana. Precisamente en los días que precedieron a la conmemoración del ajusticiamiento de Trujillo supimos que el Premio Nacional de Literatura en la categoría de Novela, se le asignó a unas memorias desmemoriadas que resaltan la ternura de un abuelo endulzado, cubierta su barbarie con grajeas azules y rosadas, que no alcanzan a tapar su andadura de sangre. ¿Quién es él entonces? Se preguntará algún joven psiquiatra que no vivió el horror, buscando en la anamnesis justificaciones externas que transformaron al ser tierno que describe la autora en el endriago cruel que fue Trujillo en su práctica social. ¿Y si algunos jóvenes dominicanos leen el libro premiado, escrito por la hija y la nieta de dos monstruos, y empieza a soñar con un abuelo parecido? Hasta donde puede llevarnos el contagio de esta esquizofrenia moral, no puedo calcularlo. Pero es intolerable premiar esta obra que propaga el germen de un virus mental y ético mas peligroso que el A-H1 N1, porque estimula una visión bipolar en los que compran y lean este ultimo “best seller” premiado. Problematizo el caso. Se aduce la excelencia literaria de los jueces responsables del peliagudo veredicto. No se si sus opiniones fueron uníanimes, solo uno era dominicano, quizás faltó el marco de memoria histórica que contextualizara la obra. La posición del Secretario de Cultura confirmó el aprecio que le profesamos Mario y yo, al margen de lo político. Sin tapujos opinó sobre la improcedencia del premio, pidió excusas a los familiares que recuerdan a quienes Trujillo no trató precisamente con “ternura” y confesó dignamente sus pudores de demócrata que le impiden desconocer la decisión de un jurado, como sucedió imperdonablemente cuando negaron su bien ganado premio a Viriato Sención. Lantigua hizo lo que debía, y lo que pudo. ¿Y los demás, que hacemos? A mí, con mi conciencia de maestra que está obligada a velar por la formación ética y ciudadana de nuestros jóvenes, me apetece pedir a los jurados que revisen su decisión que hiere y que confunde. ¿No hay otras obras que se ajusten al género novela, que no sea esta sensacionalista y edulcorada autobiografía? Pues a declarar desierto el premio, seria bueno como exigencia de fondo y de forma a futuro en los Concursos, a los cuales, por cierto, podría incluírseles mas rigor en sus bases. Hago más. Pido a los lectores/as dominicanos/as que no compren el libro. Negocio como parece concebido, si no se vende, no cumplirá el propósito heredado de hacer fortuna a costa de ajenas desventuras. ¡Por Dios, no permitamos que se envilezca la ternura! Mis nietos, y los tuyos, lector, la necesitan pura.

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