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| Triste y decepcionante resulta ver al bloque de legisladores del Partido Revolucionario Dominicano, pretendidamente socialdemócrata, dando su apoyo masivo a una medida de esa naturaleza. El oportunismo electorero de quienes alentaron a los legisladores del Partido Revolucionario Dominicano a actuar de esa suerte hicieron un cálculo político erróneo. Y, además, olvidan o ignoran que hasta en el seno de la propia iglesia católica el problema del aborto no encuentra unanimidad de criterio. Ya en nueve artículos publicados en el Listín Diario señalamos algunos aspectos que ilustran ese carácter retardatario, atrasado, que caracteriza la Reforma Constitucionala del Presidente Leonel Fernández. Hoy día nos asalta el temor de que esa Asamblea Revisora pueda ser cada día más dócil frente a las monstruosas y antidemocráticas propuestas que encierra esa reforma en manos de una mayoría obsecuente y de una oposición desorientada y carente de una visión global acerca de lo que conviene al constitucionalismo dominicano para su perfeccionamiento. Es decir, temor de que sean aprobados los artículos que violentan la filosofía de una armónica y equilibrada separación de poderes. Temor a la aprobación de las insólitas definiciones del Poder Ejecutivo que el proyecto de reforma del Presidente Leonel Fernández propone. Temor a que sean aprobadas determinadas atribuciones regadoras de un orden democrático republicano que a ese poder otorga. Temor de que se apruebe la reelección en períodos consecutivos. Temor a la aprobación de las artimañas y los eufemismos literarios que dan pie a la posible reelección consecutiva ilimitada. Temor de que sea aprobada la disparatada concepción que prima en los artículos concernientes a la nacionalidad, sobre todo cuando se refiere a las posibilidades de la adquisición de la nacionalidad a través del jus soli. Temor de que sean aprobados los artículos que de manera evidente o de forma implícita le reducen atribuciones al Congreso Nacional, contribuyendo con ello a un mayor desbalance entre los poderes del Estado. Temor a la aprobación de los dislates que asoman en el articulado de la reforma del Presidente Fernández concernientes al patrimonio cultural de la Nación. Temor de que se aprueben los artículos que reiteran un Ministerio Público en manos y al servicio del Poder Ejecutivo. Temor a la aprobación de los artículos correspondientes a la Seguridad y Defensa y a los Estados de Excepción, concebidos para aumentar el ejercicio del despotismo a través del Poder Ejecutivo. Temor a que sean aprobadas las incoherencias relacionadas con el régimen de las finanzas y, mayormente, con el presupuesto “general del Estado”. Temor a la aprobación y, en consecuencia, a la reinstauración del sistema de las elecciones conjuntas, todo con el propósito de dar al Poder Ejecutivo una decisiva influencia en los procesos electorales. Temor a que queden aprobados una retahíla de artículos que no deben figurar en el texto Constitucional sino en la ley ordinaria. Temor a la aprobación de las trabas que el contenido de esa reforma levanta contra las revisiones de la Constitución que se pudieran iniciar en el futuro. En fin, que de aprobarse los aspectos vertebrales de ese proyecto tal y como han sido concebidos por el Presidente Leonel Fernández, los dominicanos podemos estar seguros de que estaremos encadenados a la Constitución más retardataria de toda nuestra historia y, de seguro, a la más retardataria de toda América. El autor es abogado, ex presidente de la Cámara de |