| En Estados Unidos finalmente el ejecutivo y el Congreso, al menos una parte del mismo, lograron ponerse de acuerdo para manejar el gasto público en la próxima década. Del manejo del gasto público depende la deuda de Estados Unidos y los resultados del presupuesto anual. Esa nación ha aumentado su deuda al 74 % del producto interior bruto (PIB), pero hacia el 2020, si no cambia la tendencia, ese porcentaje pudiera llegar al 162 %, es decir, a igualar a Grecia. Hace apenas algunos años, antes del 2007, el coeficiente de deuda pública apenas alcanzaba el 40%. La República Dominicana pudiera tener un escenario –ejecutivo/congreso- muy parecido a partir del 2012 cuando, como muestran las encuestas más recientes, Hipólito Mejía vuelva al poder. En la República Dominicana, por ley, el presupuesto de la nación lo aprueba el Congreso y todas sus modificaciones van a ese organismo. La deuda pública también la aprueba el Congreso. De manera que Mejía pudiera encontrarse en el escenario de un Congreso hostil, como le sucede a Obama en Estados Unidos. Por ello es que llamo la atención a las lecciones que acá debemos aprender de la situación en Estados Unidos. Sucede que el último presidente demócrata, Bill Clinton, dejó a la nación estadounidense con un superávit fiscal muy fuerte y un nivel de endeudamiento muy bajo. El economista estadounidense Joseph E. Stiglitz escribe sobre el particular en un artículo reciente: “Hace una década, en medio de un auge económico, los EEUU enfrentaba un superávit tan grande que amenazó con eliminar la deuda nacional. Incosteables reducciones de impuestos y guerras, una recesión importante y crecientes costos de atención de salud -impulsados en parte por el compromiso de la administración de George W. Bush de otorgar a las compañías farmacéuticas rienda suelta en la fijación de precios, incluso con dinero del gobierno en juego- rápidamente transformaron un enorme superávit récord en tiempos de paz”. Recuerdo que entonces se hicieron diversos escenarios sobre la utilización del superávit fiscal que logró la administración Clinton, y en todos era evidente que Estados Unidos pondría fin a la deuda pública. Sin embargo, vinieron los republicanos de ultraderecha, encabezados por Bush, transformando el superávit en enorme déficit, abriendo múltiples frentes de guerra y subiendo los precios del petróleo a límites nunca vistos. Por todos lados, era evidente el entrecruce de negocios entre esa administración irresponsables de los republicanos y los grandes negocios petroleros y del complejo industrial militar. Los republicanos perdieron el poder con enorme rechazo, cualquiera que llevara el Partido Demócrata ganaba los comicios. Y así sucedió. Sin embargo, a Obama lo acorralaron los ex presidentes de Estados Unidos. Todos, demócratas y republicanos, lo invitaron a la Casa Blanca en varias ocasiones para hacerlo desistir de una probable persecución judicial contra George W Bush. Lo lograron. La crisis y la no acción legal contra Bush permitió a la ultraderecha conservadora reagruparse en el Tea Party y con miles de millones de dólares a manos, donados por los que fueron beneficiados con el derroche de Bush, inician la ofensiva contra Obama, quien con mucha rapidez pierde mayoría en el parlamento. La población estadounidense muy bombardeaba por los grandes medios que en general se alinean con el lado conservador, cada día culpan a los demócratas del desastre republicano. Nadie recuerda la historia. Acá, no es casual que Leonel interprete la metáfora del cubano Chivás y grite "memoria contra el olvido". Es obvio que Fernández conoce muy bien que el votante dominicano anda con la suya: memoria contra dinero. Esa experiencia estadounidense la viviremos los dominicanos desde el 2012, por lo que debemos sacar lecciones de la misma. La historia no puede repetirse tantas veces como farsa ni como tragedia. Félix Calvo |