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| Efectos de la Nueva Reforma Fiscal | |
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Juan A. Liranzo La nueva Reforma Tributaria, actualmente en manos del poder ejecutivo para su pronta ratificación, pretende sufragar el amplio campo del delicado déficit fiscal por el cual atraviesa el Estado dominicano. Dicho déficit, generado básicamente por el inapropiado uso de los recursos fiscales, asciende a más de 185,000 millones de pesos, lo que pudiera provocar insospechados efectos en detrimento de la clase económicamente más vulnerable de nuestro país. La Reforma, de considerarse un real paliativo a la marcada crisis económica, es sin embargo una medida vulgarmente injusta, que por serlo, incitarán estallidos sociales cuya desembocadura pudiera ser una manifestación a escala civil en forma de poblada incontenible. Por otra parte, es preciso analizar algunos elementos que intrínsecamente implica este nuevo reajuste tributario, que constituyen en sí mismos los adjetivos dantescos de una reforma infernal. Por ejemplo, algunas de las consideraciones que podemos identificar es el ineficiente elemento positivo de la llamada reforma, esto si consideramos que la misma contempla colectar 46,000 millones de pesos en un tiempo promedio, lo que no representa, a lo sumo, ni la mitad del monto estimado en la actual recesión económica por la cual atraviesa el estado. Es preciso, por igual, señalar otra consideración que es igualmente lacerante pero que se haya implícita en dicha reforma, y es el Elemento Moral, que reviste a su vez un componente evidentemente injusto. Esto último, dicho a ultranza de los mejores principios, es demostrable si se toma en cuenta que mencionado reajuste, después de su promulgación, forzará a la clase media a pagar de un 16% a un 18% de impuestos a los productos adquiridos, así como se grava también el impuesto sobre los intereses de instrumentos financieros a personas físicas y al servicio de cable por televisión, aplicándole a estos últimos un 10% de impuestos. En palabras más sencillas, podemos decir que la clase media (clase social siempre promotora del real desarrollo en cualquier país) será la más afectada de ésta irracional medida convertida en ley, y peor aún, se estará pagando el producto de la corrupción, el despilfarro y el mal manejo de los recursos estatales, cuyos autores son individuos que no escuchan, no respetan, ni representan al pueblo en ninguna forma, y, en otras palabras aun más llanas, estaremos pagando lo que a la larga no hemos consumido. Estas son, entre otras cosas, las razones que subjetivamente han venido a indignar al pueblo dominicano, lo que ha provocado que en los últimos días surjan lo que podemos considerar los primeros signos de una gran convulsión social, la cual estallará con mayor fiereza cuando los efectos inmisericordes de la reforma comiencen afectar la calidad de vida de los dominicanos. En un plano hipotético, en otro sentido, podemos pronosticar que de las cosas seguir como marchan, la clase media de nuestro país vendrá a debilitarse, estancando temporalmente el desarrollo económico y social del país, y generando, al propio tiempo, un descontento tan generalizado que apuntará en contra, inclusive, del partido gobernante que se suscribe como autor de esa lamentable realidad, y que puede costar, en el peor de los casos, el colapso total del actual sistema de partidos. | |