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Este Blog es órgano de información del Foro Renovador del PRD, corriente de Centro Izquierda, Socialista y Democrática, interno al PRD.

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EN PLURAL: Que la memoria no haga trampas


Yvelisse Prats-Ramírez De Pérez - 6/13/2009

(Mi historia es larga, porque cuento muchos años)

En estos días, entre el 14 de junio y el 5 de julio, veo pasar la memoria, un “film” alucinante en el que a veces figuro como espectadora asombrada y en otras, actora beligerante abriendo trochas en la selva que se cierra de nuevo apenas después de darnos paso.

Recuerdo las primeras noticias que recibí de la invasión del 14 de junio. Salía del Instituto de Señoritas Salomé Ureña, los aparatos de radio de las casas de la calle Padre Billini sonaban inusualmente altos, y me asaltaron, sacudiéndome y convirtiéndome en una hojita mustia. La voz tonante del locutor, Pedro Pérez Vargas, decía con precisión nombres para mí desconocidos, agregándoles como sentencia póstuma, “muerto”, o “desaparecido”. Yo, que había escuchado en la tertulia paterna hablar entre cuchicheos de los ajetreos del exilio, y que tenia amigos, antiguos compañeros de aula y de infancia comprometidos en el antitrujillismo, quedé en vilo, esperando, por si oía esos nombres queridos en el rosario fatídico que repetía: “muerto”. “Desaparecido”.

Fue en los periódicos, que confirmé mis asustados presentimientos: Octavio, uno de los hermanos Mejía Ricart que era contemporáneo mío, fue uno de los héroes ñmártires de la invasión del 14 de junio de 1959, y también Guillermo Sánchez Sanlley, otro condiscípulo del Colegio Santa Teresita.

El horror se evidenció entonces para mí, y para muchos/as otros/as dominicanos/as. No pude seguir viviendo, desde ese mediodía como si todo siguiera igual. Sentí la verdad del sacrificio y de la muerte cerca de mí, adoptando nombres de la cotidianidad, que ahora se nimbaban en el holocausto. Al comprender que vinieron por mí, para que yo pudiera conocer la libertad y criar a mis hijos en ella, doblé mis pequeños deseos personales como un pañuelo desechable y los eché lejos, para comenzar a tejer un tapiz diferente con los días de mi vida.

Escribía versos, en ese entonces, y volqué mi rabioso encuentro con la verdad en un mal poema, empapado de lágrimas. Recuerdo algunas líneas, las repito ahora, no sé si como testimonio o como renovado compromiso.

..!Qué tarde y que olvidada
Teníamos la vergu¨enza!
Solo su muerte pudo
Levantar las banderas.
Ahora, son un dolor que no se olvida nunca,
Y un amor desatado en cada pulso honesto.
Puente o luz de verano, tenso río de sangre
Del 14 de junio, yo he crecido en tu grito.
La letra de sus muertes, la vigencia de norte
De su llegada limpia, como leche extendida
Cubrirán la empañada ladera de la patria Abriendo el

Así fue. Dos años después, el ajusticiamiento de Trujillo fue el fruto madurado de las conciencias que reventaron con la Invasión del 14 de junio. Otro fruto impetuoso llegó el 5 de julio a cuajar en el país, traído en las voluntades templadas de los tres heraldos del Partido Revolucionario Dominicano: Miolán, Castillo y Silfa.

Mi búsqueda de un espacio en que pudiera ejercer la decisión de merecer a los jóvenes que cayeron sabiendo porque morían el 14 de junio, me llevó de la mano de dos alumnas queridas,  a inscribirme en el Partido Revolucionario Dominicano, a fines del mismo mes de julio. Al PRD llegué para quedarme, 48 años cumpliré el mes que viene siendo perredeista y aún en momentos difíciles como los actuales no me arrepiento de esta adhesión vital, este pacto de pasión y de lucha que firmé una tarde, como si fuera algo usual y corriente, cuando fue una de las acciones mas importantes en mi vida.

14 de junio, 5 de julio. Las fechas delimitan mis recuerdos, me apresan en un clima agridulce, que me obliga a detenerme y a reflexionar.

¿Valió la pena, Yvelisse? Me pregunto rodeada como estoy de miserias, de abjuraciones, de olvidos, de corrupción y de impúdicos pragmatismos.

¿Valió la pena, Guille, Octavio, si los valores que ustedes vinieron a traernos y sembraron con su sangre, parecen haber caído en tierra seca?

¿Valió  la pena, don Ángel, recorrer el país de punta a punta, desafiando a los paleros para enseñar al pueblo a desear y a entender la democracia?

Decido que sí. Valió la pena, vale la pena creer, batallar, amar en el ejemplo puro de los catorcistas, en la práctica voluntariosa y persistente de un PRD que pese a grandes errores, ha puesto lampos de luz en nuestra historia.

Pero hay que procurar, de ahora en adelante, que nadie tenga que hacerse la pregunta, ni sentir  una duda, cuando lleguen cada año las fechas admirables. Las conmemoraciones oficiales, las misas, las ofrendas, no calman el hambre de pan y de decencia que siente la sociedad dominicana.

En Benedetti, encuentro unas frases con las que remato este En Plural memorioso, con alertas, desafíos y admoniciones en clave:

“La esperanza es que la memoria no haga trampas, que nos espere con los ojos de antes,  los brazos de cerca, las calles de siempre, los árboles que no se derrumbaron”.

Una memoria sin trampas, para que los pocos árboles que quedan no se derrumben, y nos aplasten.

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