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Este Blog es órgano de información del Foro Renovador del PRD, corriente de Centro Izquierda, Socialista y Democrática, interno al PRD.

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EN PLURAL: En nombre de la mundialización y de la historia



Yvelisse Prats-Ramírez De Pérez
- 5/9/2009

El proyecto de nueva Constitución que el presidente Leonel Fernández remitió al Congreso Nacional es un curioso, controversial documento. Mezcla declaraciones e intenciones más o menos retóricas que pueden considerarse como avanzadas; pero en otros capítulos, asoman inequívocos signos de un autoritarismo desfasado, borbónico, que se desborda desde el Poder Ejecutivo para disminuir otros poderes del Estado, y que insiste con artificios lingüísticos en establecer las posibilidades de una presencia personal vitalicia, en la Primera Magistratura del Estado.
Pero hay más; meandros oscuros en los que se esconden prejuicios y rencores, un mentís a la historia nacional, y un desconocimiento que asombra del tiempo en que vivimos, de lo que significa la mundialización con sus inseparables elementos de aceptación de la otredad, de la solidaridad y de la multiculturalidad.
Los que me leen seguramente han percibido como yo el ejercicio de intolerancia que se disfraza en el latinajo “jus sanguini”. Los que postulan porque la herencia de la sangre de los antepasados sea el factor determinante en la nacionalidad dominicana, olvidan nuestra historia de nación mestiza, y sugieren que Lilís, Luperón, Jacobo Majluta, Balaguer y Juan Bosch no eran dominicanos, poniendo así entre interrogantes la legitimidad de sus presidencias respectivas.
Para nosotros/as los/las perredeistas, se lo recuerdo severamente al bloque parlamentario de mi partido, el “jus sanguini” a raja tabla es inaceptable. Nos llega al escucharlo el tufillo de pérfidas campañas contra Peña Gómez, quien tampoco era dominicano -¡el, que encarnaba esta patria tan entrañablemente!ñ para los que lo adversaron y le impidieron llegar al poder.
Es una suerte que ni en Estados Unidos ni en Francia existe el “jus sanguini”: Gracias a ella, Obama y Sarkozy son presidentes, y nosotros podemos sentirnos orgullosos porque Julia Álvarez y Juniot Díaz, solo por nacer en Estados Unidos, brillan como estrellas nativas en las antologías norteamericanas. Si hubiesen nacido en países donde se aplicase el “jus sanguini”, no pasarían de ser extraños, forasteros, porque no tienen padre ni madre yanquis en su criollo abolengo.
Eso podría concebirse en el pasado, que parece tan remoto por la velocidad con que suceden los cambios; una época en que las fronteras eran hoscas, y lo nacional se traducía como chauvinismo. Pero no ahora, cuando la globalización impone un trasiego de ideas, de capitales, de costumbres, de viajeros/as que van y vienen por todas partes, que hacen su nido en países en donde no nacieron, a los que sus padres nunca visitaron.
¿“Jus sanguini”? ¿Cómo una  nación hospitalaria, abierta para recibir la semilla bienhechora de los emigrantes y para ver crecer como hijo adoptivo a Eugenio María de Hostos, podría mostrarse así de puritana, reclamando una fementida aristocracia de sangre como condición de la nacionalidad?
Este “jus sanguini” me retorna a la adolescencia, en los años terribles de Trujillo.
Entonces se predicaba y se enseñaba con brío el patriotismo del ANTI; para ser buen/a dominicano/a era preciso odiar a los haitianos, y por supuesto, ser anticomunista. ¿Resucita el tirano como parece presagiar la saga de escritores que se empeña actualmente en de satanizarlo, inclusive inventándole luces?
Después de 48 años de ajusticiado, se pensaría que nuestra sociedad, nuestros intelectuales, nuestros políticos, tendrían formas mas inteligentes de manejar el tema haitiano, Haití y sus precariedades infinitas constituyen un serio problema para la República Dominica, negarlo seria ceguera.
También es cierto que la comunidad internacional elude su responsabilidad global frente a Haití, pretendiendo que nuestro país asuma, dentro de su propia pobreza la totalidad de las soluciones del drama haitiano. Eso es imposible, e injusto. Pero el “jus sanguini” es una manera desproporcionada, irresponsable y desfasada de manejar este problema que realmente existe, y que no resuelve en la práctica este precepto constitucional.
La ley de Migración que se promulgó en el Gobierno perredeista 2000-2004, está a mano, pero no se aplica. Ese es el instrumento idóneo, con su Reglamento aprobado ¡pero no promulgado!, para sancionar a los verdaderos culpables que apañen la migración haitiana: empresarios de la construcción y del agro públicos y privados, que incursionan impunemente en la trata de humanos, comprando barato mano de obra y miseria, mientras la frontera se abre con indolencia pagada a los camiones que transportan esa carga doliente.
¿Por qué, en lugar de azuzar con este atrasado “jus sanguini” la intolerancia y el aislamiento en medio de la globalización, el gobierno no aplica la ley de migración, “caiga quien caiga”, y la ley que regula los puestos de trabajo que pueden desempeñar los extranjeros?
Señores/as legisladores: no sigan aprobando capítulos y artículos constitucionales que harán de nuestra ley de Leyes un rompecabezas desarticulado, digno de ser pieza de museo.
Dedíquense  a mantener y fortalecer su poder, que este proyecto constitucional disminuye y mutila, en vez de actuar como colectivo confundido y retrógrado en el que excepciones como Minou Tavárez son ejemplos que brillan.

 

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